Silencio

“Yo no soy lo que me ha pasado. Yo soy aquello en lo que elijo convertirme” (Carl Jung)

Estamos trabajando en clase el papel que juegan los proceso educativos en la construcción de la identidad de las personas. Y lo importante que es ofrecer espacios de participación y decisión de cada sujeto en aquello que atañe a sus vidas. No muy difícil de explicar, pero mucho más difícil de hacer. En especial en un entorno que nos quiere bien callados y sumisos, a todos; y más si se trata de personas que sufren procesos de exclusión.

Y no queda otra: insistir siempre en el valor de aprender a vivir en libertad, eligiendo quien soy, y asumiendo las consecuencias de mis actos.

Jose Manuel de Oña

Recordar

A veces le miro, a Ángel, y no puedo evitar imaginar cómo se organizarán en su cerebro algunas emociones cuando yo no esté, cómo me recordará… si lo hará… si en su cerebro existe verdaderamente un pequeño rincón reservado para el verbo recordar; si tan siquiera necesitará mi recuerdo para vivir… ¡Mi hijo vive tan pegado a la realidad del momento!

Y de pronto consigo abstraerme, aunque francamente creo que es Ángel quien me rescata de la rigidez de mi propio aprendizaje, invitándome a concebir nuevas formas de conjugar el verbo recordar…

Y me dejo llevar por él, ¡nunca me falla!, y me conduce al origen, a la raíz de la palabra, quizás buscando (suelo hacerlo, a veces consciente y otras inconscientemente) encontrar la manera en que mi hijo interpreta y conjuga un verbo que habla de lo que somos, que lleva la memoria de los que antes han sido para continuarse en nosotros.

Y entonces sucede, se produce el milagro… encuentro el alivio en la verdad de su raíz, la del verbo y la de Ángel: Recordar, del latín, “volver a pasar por el corazón”.

Y entonces todo cobra sentido, porque justo ahí es donde está la memoria, en el corazón; y justo ahí sé que mi hijo siempre me tendrá, incluso cuando ya no me tenga… cosida a su corazón.

Y sé que Ángel no me recordará del modo en que yo lo hago; sé que no acudirá ansioso a abrir con nostalgia los álbumes que guardarán nuestros recuerdos familiares; sé que no buscará con premura -como yo a veces hago- mi rostro para llorar la pérdida, ni para sonreir evocando nuestras risas entre tantos momentos felices. ¡Sé que no lo hará!, que no me echará de menos a la manera en que solemos hacer con nuestros seres queridos; él practica el carpe diem, me disfruta en el día a día… y ¡qué queréis que os diga!, eso me alivia; más que trascender deseo que me sienta.

Y esta manera de recordar que tiene Ángel me confirma que el mejor álbum de recuerdos que todos tenemos, la verdadera memoria se va llenando día a día, momento a momento, con los afectos, la confianza, el amor. Y ese recuerdo, si es firme, sobrevivirá incluso a nuestra ausencia de memoria, porque el corazón no olvida, ni siquiera cuando lo hace la mente.

Y si somos capaces de conjugar el verbo recordar como Ángel lo hace -yo estoy en ello- tal vez algún día, aun sin estar presentes, amanezcamos “dibujados” en las alas de quienes nos sucederán, alimentando sus sueños.

Quizás algún día, aún sin ellos saberlo, nos sentemos a contemplar el futuro a su lado, tranquilamente, mientras desayunan y contemplan ese puente indestructible por el que plácidamente transitarán la justicia, la libertad, la igualdad, el respeto… O lo que es lo mismo, el amor.

¡Ojalá el amor tenga futuro!, porque solo entonces Ángel lo tendrá… y la diversidad, y la humanidad. Solo entonces las madres podremos confiar en que el bienestar del hijo con diversidad funcional no dependerá de nuestra existencia. Y, honestamente, creo que no es mucho pedir.✨❤

María Luisa Fernández “La mirada de Ángel”